« Lo más temido ocurre siempre, decía Kafka. Mucho peor: lo más deseado también.
Había una vez un hombre que anhelaba trabajar menos y el capitalismo lo dejó en paro.
Había una vez un hombre que soñaba con viajar más y el capitalismo lo metió en una patera.
Había una vez una mujer que buscaba amor y el capitalismo la arrojó a la prostitución.
Había una vez una mujer que deseaba una máquina de coser y el capitalismo la encadenó a una maquila.
Había una vez un niño que deseaba que su padre no le pegara y el capitalismo lo dejó huérfano.
Había una vez una niña que no tenía ganas de estudiar matemáticas y el capitalismo bombardeó su escuela.
Había una vez un hombre y una mujer y un niño y una niña que deseaban vivir felices y libres de preocupaciones y el capitalismo les dio la televisión.
Había una vez un presidente de los EEUU que tenía en su despacho una lámpara, la frotó con la manga y salió un genio: “Pide tres deseos y te los concederé”. “Nuestro deseo”, respondió el magnate en nombre de su país, “es tener más deseos. Ya nos ocuparemos nosotros de que se cumplan”. Y el genio le cedió todos los sueños, todos los pensamientos buenos, todas las imágenes nobles de la Humanidad para que materializara su destrucción a ras de tierra. »
Extraído de Utopías cumplidas, Santiago Alba Rico. Novas da Galiza.