“Aquí...”, “paso”, “entrada”, “ocasión...”, “alquila...”, “vende..”, “pase y vea...”, “le estamos esperando...”, a los dos lados de la M-180 se erigían insignes torres que llamaban a los automovilistas con los escasos recursos lingüísticos y gráficos que podían alcanzar a apreciarse a cien kilómetros por hora.
En el último puente antes de su desvío reaparecían los paneles luminosos de alerta: “atención al volante...atención...”. Directamente después, entre las indicaciones de tráfico se señalizaban algunos de los principales destinos de la M: “200 metros...”, “100 metros...”, “50 metros...”, “entrada..:” “bienvenido al mundo del coche de ocasión...”, terminaba la inquietante zaga publicitaria.
Poder mantener, efectivamente, la “atención al volante” durante un camino con estas características y esos niveles de estimulación era uno de los desafíos más arduos que le tocaba afrontar a la atención humana.