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1.700 millones de consumidores son demasiados consumidores
Carlos Ballesteros García

 
 

Entre los grandes problemas a que se enfrenta nuestro planeta resulta posible identificar un numero de tendencias básicas, no necesaria ni directamente relacionadas entre si, que en muchos casos se presentan como un conjunto coherente llamado globalización y entre las que podrían destacar el aumento de los intercambios económicos mundiales y el crecimiento de las redes financieras internacionales; la rápida formación de una sociedad de la información; la hegemonía política, militar y cultural de los EE.UU., paradigma del modelo neoliberal que trata de imponerse como la única alternativa posible; la degradación medioambiental, debido al desarrollo indiscriminado o la emergencia de una economía de la compasión y del voluntariado que ha convertido la solidaridad en un bien de mercado. Sin embargo en la raíz de todos ellos se encontraría la configuración del mundo como un inmenso sistema de consumo, como un gran hipermercado (catedrales de la nueva religión del consumo, según el escritor uruguayo Eduardo Galeano) en el que uno se sirve de las muchas mercancías disponibles en sus estantes (paíes, ecosistemas...) y ya pagará a la salida, muchas veces además a crédito y sin saber exactamente lo que se ha gastado.1.700 millones de personas es lo que se calcula que somos ya los que formamos la clase consumidora mundial(1).

El consumo es, sin duda, uno de los más importantes motores de la Economía. Consumir, comprar bienes y servicios, es una función esencial de los agentes económicos y una variable fundamental en el desarrollo de los países y de las economías y en la creación de riqueza. No en vano se conoce con el nombre de Sociedad de Consumo o Economía de mercado a aquella que se basa en el libre intercambio de bienes y servicios a cambio de un dinero y de la obtención de valor por parte de todos los agentes implicados. Sin embargo es también su principal y voraz devorador y destructor, al ser creador de inmensas injusticias y desigualdades. Es un hecho demostrable que los hábitos de consumo del llamado Norte son a menudo, insostenibles, crean destrucción y pobreza y por lo tanto es urgente cambiarlos ya que ponen en peligro no sólo la vida de los habitantes de los países del Sur sino incluso nuestra propia supervivencia.

Y sin embargo esta sociedad sólo supone una pequeña parte de la población mundial. Mil setecientos millones son apenas una cuarta parte de la población mundial. Efectivamente y según se desprende de los datos que se muestran en la siguiente tabla, un 28% de la población mundial es “consumidora”, aunque en las zonas del mundo industrializado esta clase supone cerca del 80% mientras que en los países en desarrollo sólo suponen el 17% Eso sí, a pesar de tener hoy por hoy una escasa participación en el consumo mundial, algunos países en desarrollo como India o China tienen un elevado potencial de crecimiento. Las previsiones del WorldWatch Institute estiman que para el 2015 habrá 2.000 millones de consumidores en el mundo. Respecto a porcentajes de participación en el gasto privado total mundial, Estados Unidos, Canadá y Europa Occidental, con el 1,8 % de la población del planeta, representan cerca de un 60% del consumo privado, mientras que en el otro extremo, el Africa Subsahariana (con un porcentaje de la población similar 10,9%) apenas supone un 1’2 del porcentaje de gasto en el consumo privado mundial (WorldWatch Institute, La situación del Mundo 2004; pag. 40)

Frente a esta situación se hace entonces imprescindible y urgente un cambio sustancial del consumo de la gran mayoría de los ciudadanos del Norte para que no sigamos destruyendo sino que se restauren los ecosistemas y que se permita, por justicia y solidaridad, un bienestar básico suficiente para todas las personas del planeta. En un mundo globalizado en el cual la producción se descentraliza y se mundializa, los consumidores debemos tratar de seguir el rastro de lo que compramos y garantizar que no se están apoyando prácticas como la explotación laboral infantil, la destrucción del medioambiente, la remuneración injusta al productor, etc. La reorientación de las prioridades de la sociedad hacia una mejora del bienestar de las personas, en vez de la mera acumulación de bienes supondría la transformación del consumo en una herramienta para mejorar la calidad de vida de todos los habitantes del planeta.

Este tipo de reflexiones son las que determinados grupos y colectivos vienen realizando, en el sentido ya planteado desde hace tiempo, por ejemplo, por Alicia Arrizabalaga y Daniel Wagman en 1997, en su libro “Mejor con Menos” en el que escribían que hay que conseguir pasar del ya que no pudo poseer todo aquello que deseo, me conformare con lo que tengo al puedo vivir mejor si aprendo que la felicidad no viene de la mano de las posesiones, el consumo y el dinero. La celebración del día mundial sin compra es un buen momento para planteárselo. Es imprescindible llamar la atención de los ciudadanos, en la medida de nuestras posibilidades, para que con un comportamiento adecuado en el día a día se consolide en nuestra sociedad una cultura de consumo responsable, crítico y justo de manera que, salvaguardando los valores humanos, sociales y medioambientales, consigamos entre todos un mundo más justo, un mayor respeto por la naturaleza y la vida, un reparto de bienes solidario y un modo de vida basado en los valores que de verdad son los que nos proporcionan sentido a la misma.

(Carlos Ballesteros García es profesor de Comportamiento del Consumidor en la Universidad Pontificia Comillas y miembro de Consume Hasta Morir)

NOTAS:

(1) Matthew Bentley, Director del PNUMA define Clase consumidora mundial como aquella clase formada por personas con un poder adquisitivo paritario (media de ingresos que indica la capacidad real de compra de un país) por encima de los 7.000 $ USA que equivale a la cifra oficial del límite de la pobreza en Europa. Aunque las diferencias por país y nivel de riqueza varían sensiblemente, son personas que generalmente usan televisores, teléfonos móviles, internet y tienen acceso a la cultura (Worldwatch Institute, 2004; 40)


 


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