Si algo se deduce de la teoría de sistemas en ecología es la enorme complejidad que entraña el estudio de la vida. Quizás por ello en los colegios e institutos se suelen enseñar los procesos vitales de manera parcializada. Por ejemplo, cuando se estudia el cuerpo humano se analizan los distintos aparatos en temas separados, un tema para el aparato digestivo, otro para el respiratorio, otro para el reproductor... Y no suele haber ninguno que muestre la relación entre todos ellos.
Esta simplificación ayuda en la explicación, pero hace que no se puedan analizar los procesos de manera global. Según las propiedades emergentes que se estudian en ecología, el todo no se puede explicar como una suma de partes, el funcionamiento de nuestro cuerpo no es sólo la suma de los subsistemas que lo componen, sino que en el conjunto aparecen nuevas propiedades que no existían en los subsistemas por separado.
Cuando los adolescentes estudian el tema de la reproducción aprenden los órganos del aparato reproductor femenino y del masculino, y cuál es el mecanismo de la fecundación, pero siempre desde un enfoque mecánico no sistémico de modo que se dejan de lado otros aspectos, otras “propiedades emergentes” que tiene mucho que ver con lo reproducción y la sexualidad como son el disfrute o el placer.
Aunque socialmente se ha avanzado bastante (ya nadie piensa que se va a quedar ciego por masturbarse) sigue habiendo tantos tabúes que la educación sexual es claramente insuficiente. Escondiéndose detrás de una supuesta objetividad científica y parcializando los contenidos, se consigue explicar el sexo y la sexualidad sin hacer alusión a la interconexión de sistemas, de modo que la multitud de terminaciones nerviosas estimuladas por la vista, el tacto, el olfato, el gusto o el oído no aparecen nunca relacionadas con el sexo.
Todo esto tiene repercusiones graves. Según los resultados de la novena edición del Sistema de Vigilancia de Factores de Riesgo Asociados a Enfermedades No Transmisibles (Sivfrent), una encuesta anual que realiza la Consejería de Sanidad realiza entre los adolescentes de la comunidad de Madrid, en el 2004 aumentó por tercera vez el número de los adolescentes que mantienen relaciones sexuales sin adoptar métodos anticonceptivos eficaces (píldora anticonceptiva o preservativo). A los 15 años, un 13,4% de los adolescentes ha mantenido alguna vez relaciones sexuales con penetración, cifra que casi se dobla a los 16 años: un 25,4%.
Muchos adolescentes creen que están bien informados, pero lo cierto es que no es así. Son conscientes de que entre lo que se les enseña y la realidad hay una gran diferencia, y ante las respuestas que obtienen de padres, madres y profesores/as suelen preguntar las dudas a los amigos o amigas, que aunque estén menos informados son más claros hablando. Sin embargo, estas sesiones de resolución de dudas entre el grupo de iguales, marcadas por la información televisiva, conducen frecuentemente más a potenciar los mitos que a resolver dudas.