Estereotipos juveniles

Grupo Arbeit

Jueves 3 de abril de 2008

Cómo se introducen valores simbólicos en una imagen.

En la imagen superior, extraída de un conocídisimo film de la compañía Disney, presentamos dos retratos del protagonista y el antagonista de la historia. Si nos preguntamos cuáles son los valores simbólicos asociados a sendos personajes, es fácil concluir que el primero representa el mal y el segundo el bien. ¿De qué elementos plásticos derivan esos valores asociados? Algunos son evidentes. El antagonista malvado presenta colores más oscuros y trazos más angulosos que el protagonista benigno. El mal es oscuro y anguloso, el bien brillante y suave. La disposición gestual de las cabezas y de las miradas es igualmente significativa. Cabe incluso reflexionar sobre que la maldad aparece aquí asociada con rasgos de inteligencia o, al menos, de astucia. La bondad, mientras tanto, aparece representada como una forma de beatitud (en el doble sentido de elevada espiritualidad y felicidad de la palabra). Si se considera que las imágenes pertenecen a una gran superproducción de la industria cultural del entretenimiento, parece oportuno destacar que las características mencionadas han sido largamente planificadas. En estas imágenes, como en el resto que aparece en este artículo, nada es casual ni nada ha sido dejado al azar (otra cuestión es que consigan o no altas cotas de eficacia en sus propósitos).

Estereotipos dirigidos a jóvenes y adolescentes.

El anterior par de anuncios (uno de la fragancia Tommygirl, el otro de la marca de ropa Pepe Jeans) puede abordarse casi de la misma manera que el anterior. De estos jóvenes, ¿quiénes son buenos, quiénes malos? Una audiencia de adolescentes no sólo tendría una respuesta clara a tal pregunta, sino que (y esto es importante) desarrollaría una clara tendencia de identificación hacia un modelo u otro. El contraste de valores asociados a sendas marcar comerciales a través de estas imágenes también es de fácil consideración. El anuncio de Pepe Jeans remarca una clara rebeldía juvenil e individualista, cargada de tensión sexual; mientras que el de Tommygirls ofrece una visión de una feliz aceptación de las convenciones sociales de lo políticamente correcto (incluyendo, como no, el multiculturalismo).

El análisis de la forma resulta igual de sencillo. En el anuncio de Pepe Jeans, ambos jóvenes miran al espectador desafiadamente, recalcando el dominio de su propio ego. La postura de ella sugiere cierto ofrecimiento sexual (aunque ocurra desde el dominio que recalca respecto del espectador), al tiempo que el hecho de que casi se tumbe para pisar el asiento teatraliza de manera muy convencional un tipo de rebeldía juvenil también muy convencional ("¡niño, siéntate bien!"). Por su parte, él nos mira por encima de su nariz, en un gesto casi animal de dominación. La ropa, en fin, corresponde también a la misma estética de ruptura con las reglas adultas. Por su parte, las muchachas de Tommygirl representan el contraejemplo a todo lo anterior: miradas recatadas, dulces sonrisas, iluminación difusa y blanda y los colores patrióticos de la enseña estadounidense conforman una gestualidad asexual y sumisa de jóvenes universitarias de bien.

Lo que importa aquí es como el anuncio publicitario trata de persuadirnos de su mundo simbólico. Es notable que cuando hemos ofrecido estas imágenes a debate a grupos de adolescentes de barriadas periféricas y clase trabajadora, estos se ven mayoritariamente inducidos a reinterpretar este falso doble estereotipo (sumisión/rebeldía) en términos casi de clase social. Suelen rechazar entonces a las "pijas" de Tommygirl, identificándose con los rebeldes de Pepe Jeans. Sólo algunos de ellos han sido capaces de atravesar el doble estereotipo al considerar que ambas marcas son para "pijos" y que ambas, por tanto, escapan a su poder adquisitivo real. Sin embargo, y a pesar de que las mercancías de ambos anuncios puedan estar fuera de su alcance, sí se mostraban proclives a consumir el universo simbólico de Pepe Jeans para reforzar su imaginario de jóvenes suburbanos, rebeldes a un orden social que les humilla y explota. Esa rebeldía es puramente simbólica y queda subsumida al consumismo, pues, evidentemente, el efecto más directo de la publicidad consiste en desviar la atención de la realidad.

La realidad de las mercancías anunciadas (producidas y vendidas en un sistema capitalista de explotación) es, efectivamente, la misma contra la que no pocas veces estos jóvenes ansían rebelarse. Pero el universo simbólico que podría ordenar tal rebeldía, el único orden simbólico que se les ofrece de manera insistente, los encadena aún más a la realidad contra la que desean y necesitan alzarse.

Un análisis más pormenorizado en la web de Arbeit >


 
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