Los terremotos en Japón han vuelto a poner sobre la palestra la energía nuclear: ¿Pero no eran 100% seguras?
El Gobierno alemán federal estudia la posibilidad de suspender temporalmente la ley recientemente aprobada para prolongar la vida de sus centrales nucleares hasta 14 años a la espera de nuevos estudios a la vista de lo sucedido en Japón.
El asunto en Japón es grave: ahora mismo, el objetivo de los operarios de la central nuclear de Daiichi es controlar el exceso de presión y evitar la explosión que provocaría la rotura del edificio de contención, lo que provocaría un desastre similar al de Chernobyl. Para ello están haciendo lo único que se puede hacer en estos casos, liberar periódicamente a la atmósfera los gases acumulados. Pero al hacerlo se libera también material radiactivo, inherente al funcionamiento de una central nuclear, lo que ha provocado esa radiación tan extremadamente grande en el exterior.
También es importante el papel que está jugando la refrigeración con agua del mar. Es la única forma, prevista en las especificaciones de este tipo de centrales situadas en la costa, de contener la temperatura del reactor cuando el circuito primario está fuera de servicio, como en este caso. Pero cuando ocurren catástrofes como ésta, el mismo agua puede no ser suficiente y es necesario cambiarla. Son millones de litros de agua altamente radiactiva, que en caso de que el volumen necesario sea muy alto - y en este caso lo es - no encontrarán recipiente alguno con capacidad suficiente.
Con todo, dando por sentado que los profesionales nucleares japoneses están haciendo todo lo posible por impedir una fusión del núcleo que provocaría una catástrofe similar a la de la central rusa en 1986, en el mejor de los casos habrá un escape de material radiactivo al aire y al mar de proporciones gigantescas.
Al menos, volvemos a saber algo importante: ninguna central nuclear es 100% segura, sencillamente, porque nadie puede predecir todos los fenómenos que la pueden poner en peligro.
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