Sombrero negro, de ala estrecha, elegante, aunque sólo sirve para quitar el sol salvadoreño. Campesino desde que nació, aprendió que el sol hace daño por más que se tenga una buena mata de pelo negro a los 63.
Esqueleto sobre el que está colocada una fina capa de piel. Manos ásperas y fuertes que saben leer la tierra y las semillas pero no escribir palabras.
Querían hacer una mina cerca de su comunidad. Él sabía que la tierra, el aire y el agua no conocen fronteras, y la violación en forma de mina a cielo abierto de las entrañas de la tierra repercute en zonas lejanas. Por eso, después de que sus palabras no fueran escuchadas por la empresa canadiense que quería sacar oro, cogieron sus machetes. Sabían que no hacerlo sería asumir una muerte lenta por beber agua contaminada, por no poder cultivar una tierra muerta. Se levantaron porque no se puede destruir aquello que no es pertenencia de nadie sino de todos.
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