
Mamá, cómprame unas tetas
Carlos Martín
Y, ¿por qué no? Muchas personas opinan: “mientras pueda pagarlo, a mis hijos no les faltará de nada”. Incluso unas tetas. Todo con tal de que sean felices.
Parece ser que todo tiene un precio, hasta la felicidad... ¿O no? Existe la opinión de que si la causa de la infelicidad, de las frustraciones o de los complejos es el físico con sus defectos, excesos e imperfecciones la solución está en el quirófano. Nada de escatimar esfuerzos a la hora de lograr un cuerpo escultural cuando un arreglo de nariz cuesta 1.800 euros y más de 6.000 rejuvenecer la cara. Mejor esto que gastárselo en vicios como hacen otras personas...
La cirugía estética es, con sus límites, la materialización de los mitos de Fausto y de Narciso. En la sociedad de consumo que nos envuelve, la autoestima, en su aspecto físico, es un valor seguro, y si no que se lo pregunten a Corporación Dermoestética y su estelar y reciente salida a bolsa. El culto al cuerpo es un negocio muy rentable. Esta empresa nos ha enseñado por medio de sus campañas publicitarias que la nueva declaración de los derechos del hombre no es la que se viene demandando gracias a tanta lucha social de siglos, derechos que aún no se han conseguido respetar en muchos sitios. Por el contrario, ahora se basa, entre otros, en el derecho a no tener tripita, a tener un cuerpo perfecto y sin arrugas, etc., y en definitiva, en una absoluta falta de respeto social. España tiene el, cuando menos decepcionante, título de ser el país puntero en Europa en número de intervenciones estéticas realizadas. Las operaciones más demandadas son la liposucción y el aumento mamario.
La cirugía estética ha dejado de ser una práctica exclusiva de actrices y personajes públicos para pasar a extenderse a amplios sectores sociales. Y si no se incrementa más es por miedo al quirófano. “La mayor demanda de cirugía estética la hace gente normal, oficinistas, estudiantes, empleados... aunque lo que aparece en la prensa es gente famosa”, señala José Sainz Arregui, presidente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética. Titulares como: “Cirugía estética. De este año no pasa: ¡me opero!”, y mensajes del estilo “Tu "culete" se relaja, el vaquero te aprieta y para colmo, el biquini del año pasado ya no te queda tan mono” (www.estarguapa.com), animan al personal a plantearse que tienen problemas estéticos y que éstos tienen solución. Es sólo cuestión de dinero.
Desde que el hombre existe se ha valorado la belleza y se han utilizado toda clase de cremas y ungüentos, ropas y adornos para incrementarla. Pero la distancia entre el quirófano y teñir las canas pasa por una increíble escala de acciones destinadas a resaltar encantos, ocultar defectos, eliminar imperfecciones o disimular los efectos del inevitable paso del tiempo. Pero, ¿dónde poner los límites? ¿Quién los define?
En opinión de David Cohen, presidente de la Sociedad Española de Cirugía Estética: “No podemos hablar de un estereotipo de persona. Los motivos por los que acude una persona [a operarse] son tan diversos que no podemos frivolizar con este tema. Para algunas personas una nariz fea o unas orejas pueden acomplejarles tanto que una operación les puede cambiar la vida. Para otros, se trata de envejecer bien, sin decrepitud, lo más dignamente posible”.
¿Frivolizar? Definamos primero frivolizar. Porque se trata de analizar qué es lo que mueve a una persona a dar el paso de operarse y de continuar en el análisis hacia atrás llegando al origen de los problemas. Para ello habría que distinguir entre lo que son temas de salud y la obsesión por el cuerpo. Cuando una persona tiene un problema grave de autoestima, de falta de aceptación, de obsesiones, complejos o algún trastorno alimentario, el tratamiento ha de ser orientado desde el punto de vista psicológico, porque de no ser así, se diferencian muy mal los límites. Es decir, mientras que para una persona tener una nariz grande no tiene la menor importancia, para otra puede suponer una desgracia enorme. La aceptación y la estima han de trabajarse desde uno mismo, antes de buscarla en los demás y cuando esto falla hay que diagnosticarlo y tratarlo adecuadamente, pero no a base de gimnasio, cremas y operaciones, círculo vicioso y peligroso, cuyo final es la operación quirúrgica.
La influencia de la publicidad y los medios de comunicación es muy peligrosa. Lograr un “cuerpo danone” o una “cara guapa” se ha convertido en una obsesión por parte de muchas personas, algunas en edades cada vez más tempranas, sin personalidad formada, que quieren lo que ven y desean lo que les dicen. Además lo quieren YA. Hay muchos niños y niñas tristemente preocupados por su peso o talla. Es evidente que la educación lo es todo, y más aún en estos temas, en los que una educación en valores se hace necesaria, tanto en la escuela como la recibida en casa a través de la familia, sin olvidarnos de la influencia de la publicidad y los medios de comunicación, cuyos límites éticos se difuminan entre los intereses económicos. Si no, tendremos que acostumbrarnos cada vez más a oír aquello de “mamá, cómprame unas tetas”.
Carlos Martín
Julio de 2005
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