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Regando semillas

Cualquier actividad económica suele requerir de una financiación, al menos, inicial. Normalmente, son los bancos los que prestan ese dinero y esto es lo que les confiere un gran poder, ya que la elección de las iniciativas a las que financian, determina el desarrollo que seguirá una comunidad. Por lo tanto, si ese desarrollo, como es el caso, provoca grandes desigualdades sociales e importantes deterioros ambientales, los bancos son también responsables de ello.

¿Qué criterios sigue un banco al decidir si financia un proyecto? Pues, pese a lo que nos transmiten en su publicidad, los efectos sociales o ambientales de la iniciativa, o la verdadera necesidad de ese dinero, no son realmente lo que importa, lo único que interesa es la rentabilidad económica de la nueva actividad y la seguridad de que recuperarán el dinero. Su única filosofía es la de maximizar el beneficio.

Otro aspecto importante a destacar es que si bien en muchas ocasiones la financiación resulta necesaria, en otras, sólo se emplea para la adquisición de bienes de consumo innecesario y para satisfacer falsas necesidades. Todo este sobreconsumo, de tan nocivas consecuencias ambientales, es incentivado principalmente por la publicidad, pero no sería posible sin el crédito fácil de los bancos.

Aunque hay algo que hay que tener en cuenta: los bancos son sólo intermediarios, ese poder que tienen se lo conferimos nosotros al hacerlos depositarios de nuestros ahorros y .por lo tanto, se lo podemos quitar. No sólo eso, existen entidades de financiación alternativas que siguen unos criterios muy distintos. Además, hay que considerar que el dinero es un medio de intercambio, pero no el único. Como veremos a continuación, en el campo de la financiación, existen otras alternativas, que pueden ser claves en una transformación hacia un modelo económico más justo y medioambientalmente sostenible.