
«Estas grandes superficies comerciales lo único que promueven es el hiperconsumo, pero se presentan con el rostro amable de ser los nuevos lugares para la convivencia social.
Sin embargo, toda posibilidad de convivencia social en estos lugares queda sometida al interés privado de los dueños y gestores de estas superficies comerciales, cuyo único objetivo es incentivar el consumo. De esta forma, se promueve la pasividad de los consumidores ante los espectáculos materiales y de servicios que se les ofrecen de antemano mientras obstaculizan su creatividad y participación activa: todo lo que se salga de la norma del consumo queda prohibido, lo que se consigue por medio de sofisticados métodos de vigilancia. Encerrados entre las paredes de los centros comerciales, alejados de todo contacto con el entorno natural, se ofrecen a los consumidores una larga serie de sucedáneos (simples sombras de la realidad), como lo es claramente la posibilidad de disfrutar de nieve durante todo el año en Madrid Xanadú, eso sí pagando por ello.
Debido a su carácter impersonal y homogenizador cultural, estas grandes superficies comerciales se convierten en no lugares. No obstante, es cierto que buscando el reclamo del consumidor adoptan los tintes de otras culturas (como se aprecia en los restaurantes temáticos), pero de nuevo estamos ante sucedáneos, en este caso de otras culturas dominadas por la cultura del consumo y del dinero.»
Extracto del artículo "Grandes superficies: especialistas en destrucción", de Mostoalegre.